Mi historia
No soy una profesional del sexo.
No soy una actriz.
No hay un guion detrás.
Soy una chica normal, con una vida normal… y un secreto que me enciende por dentro.
En mi día a día trabajo para una marca de coches de lujo.
Todo está impecable: la imagen, los detalles, la elegancia… nada se deja al azar.
Y lo que llevo debajo va en la misma línea: íntimos sexys, caros, elegidos con intención.
Porque me gusta el lujo… y me gusta aún más cuando ese lujo se queda impregnado.
Un aroma mío, personal, imposible de copiar.
De esos que solo entiendes de verdad cuando lo tienes cerca.
La máscara nació por una razón muy simple: me gusta el juego, pero a mi manera.
Me ayuda a convertirme en otra versión de mí.
Una más atrevida. Más peligrosa. Más sexy.
Una que no pide permiso.
Cuando me la pongo, cambia todo.
Mi postura. Mis ganas. El ritmo de mi respiración.
Y, sobre todo… cambia lo que me atrevo a imaginar.
Porque lo que vendo no es “ropa interior”.
Lo que vendo es algo mío. Algo que ha estado pegado a mi piel en días de verdad… con el calor de mi cuerpo, con movimiento, con vida.
Y te confieso otra cosa: me vuelven loca los íntimos sexys.
Me encanta elegirlos, probármelos, mirarme con ellos… sentir cómo cambia mi cuerpo solo por llevarlos puestos.
Y sí: vender mis bragas usadas tiene un efecto delicioso.
Porque gracias a lo que vendo, puedo comprarme muchísimos modelitos nuevos.
Más atrevidos. Más sexys. Más “peligrosos”.
Y cada uno termina teniendo una historia… la mía. La que tú puedes llevarte a casa desde aquí.
Y sí: me excita saber lo que pasa después.
Me excita pensar que tú recibes mi prenda…
que la sostienes un segundo en las manos como un objeto prohibido, sabiendo que es algo que no deberías tener…
pero que deseas respirar cuanto antes. Una y otra vez.
Lo que más me enciende es saber que mi olor viaja y llega a ti tan intenso como si me olieras directamente.
Mi olor.
Ese rastro íntimo que no se puede copiar.
Ese “algo” que no sale en una foto y que no se fabrica.
Ese detalle que solo aparece cuando una prenda ha sido usada de verdad…
y está lista para ser poseída.
Por eso todos mis envíos van envasados al vacío.
Para que no se escape nada.
Para que lo que tú compras llegue como debe: intacto, intenso, personal.
Porque sé cómo funciona tu cabeza.
Sé que no compras mis prendas solo por verlas.
Las compras por lo que te hacen imaginar.
Por lo que despiertan cuando estás solo.
Por esa fantasía de tener algo mío que te enciende los cinco sentidos.
Y ahí está el punto exacto donde yo disfruto contigo.
Me gusta pensar que mientras tú la hueles en tu casa,
yo sigo aquí… sonriendo, con la máscara cerca,
sabiendo que he dejado una parte de mí contigo.
Así que elige tu prenda.
Yo la llevo para ti.
La sello al vacío y la meto en un sobre que no dice nada sobre su contenido.
Y te llega como un secreto que vas a abrir despacio.
Porque La Musa no solo se mira y se toca.
Se respira.
Y se queda contigo.
Entra en la colección y elige cuál quieres que se quede contigo.